¿Cómo afrontar la salida?

Tal y como, comentaba en el post anterior, existe una gran parte de la población a la que le está costando salir de casa de nuevo, bien por miedo y/o por quizás haberse acomodado a esta nueva situación.

Aún con permiso para salir, puede que nos cueste encarar de nuevo la vida. Existen resistencias a entrar de nuevo en un ritmo rápido o frenético para algunos, o bien resistencias debidas al miedo al contagio, o quizás la pereza de tomar medidas de protección, o simplemente a una cierta percepción de amenaza puesta en el exterior durante todas estas semanas que han encendido un mecanismo de alerta constante y ya no sabemos a qué le tenemos miedo exactamente o por qué nos cuesta salir.

A veces, aún sin ser conscientes de ello, la resistencia puede venir de miedos muy profundos que se mueven con toda esta situación, como miedo a la enfermedad, a la muerte, al sufrimiento, a las pérdidas económicas o de posibilidades, de comodidad,… así que nuestros mecanismos de defensa eligen dejarnos en casa en esa “falsa” sensación de seguridad, donde estar “protegidos/as”

Después de tantas semanas de inmovilidad, con tantas emociones como se han estado moviendo, con una situación tan extrema como la que hemos vivido, es muy normal sentirnos apáticos, aburridos, un poco (o bastante) deprimidos, sin entusiasmo…

Es ahora dónde se hace vital EMPEZAR A MOVERNOS, empezar a movilizar el cuerpo, la energía, descongelarnos para poder avanzar. Existen muchas formas de movilizar el cuerpo, puede ser practicando algún cualquier versión de ejercicio físico o deporte o simplemente poniéndonos música que nos guste y asegurarnos de mover todas las articulaciones de nuestro cuerpo.

Sin embargo, cuidado con ponernos mucha presión por ello, si presionamos demasiado, nos juzgamos por no querer salir, nos criticamos porque “deberíamos bla, bla, bla…” o bien imaginamos que deberíamos hacer una forma de ejercicio que es en realidad muy exigente ahora mismo para el cuerpo, no haremos más que añadir tensión y disminuir la sensación de seguridad en nosotros. Con lo cual nuestro cuerpo lo rechazará y nos sentiremos ningunas ganas.

Movernos también puede ser según la zona del país en la que estemos, salir a comprar, aprovechar el tiempo permitido para estar fuera y pasear, correr, mirar al cielo, los árboles y la naturaleza que tengas a tu alcance, mira a las personas que te encuentres a los ojos o quizás puedas incluso visitar amigos o familia. Sea como sea, empieza a moverte a conectar contigo y los demás dónde, cómo y con quien te sea más agradable.

Es por ello por lo que además de movilizar nuestro cuerpo y empezar a activarnos, es tan importante la forma en que lo hagamos.

Recomiendo empezar a movernos (física y socialmente):

  • CON ESCUCHA DE NOSOTROS
  • CON COMPRENSIÓN
  • CON CARIÑO
  • CON OBJETIVOS MUY PEQUEÑOS QUE SINTAMOS ALCANZABLES
  • TRATÁNDONOS CON PENSAMIENTOS AMIGABLES
  • SIENDO NUESTROS MEJORES COMPAÑEROS/AS DE EQUIPO

Ahora más que nunca ante el miedo y todo lo que esto trae, necesitamos inundar el mundo de COMPRENSIÓN, empezando por nosotros/as mismos/as, por dejarnos estar donde estamos y acompañándonos en el proceso de avanzar.

Esta desescalada es también una escalada interna, es también el proceso de recuperar el entusiasmo, las ganas, la energía, la confianza, la seguridad, la actividad, una cierta percepción de control (en lo que sí podemos)y el contacto con los demás, con la Vida.

Así pues recomiendo empezar a poner el foco y la atención en cosas que sabemos que nos sientan bien, algo nuevo que quizás pueda empezar a movilizar la curiosidad, el disfrute o el placer, por pequeño que sea. Miedo y placer son sensaciones contradictorias en el cuerpo, así que si fomentamos cosas que nos interesen, nos gusten, mandaremos al cuerpo la información de que es seguro y que puede empezar a relajarse.

Puede ocurrir, que quizás no sintamos ningún tipo de interés por nada, en este momento y nos cueste hasta pensar en algo agradable mientras que un cierto sentimiento de angustia, nerviosismo, apatía o tristeza, están presentes. Por ello, nuestras expectativas deben ser muy ajustadas, es decir, no pretender encontrar de golpe aquella alegría, entusiasmo, curiosidad, energía, acción que sentíamos hace tres meses, dónde todo aún estaba rodando. Está “rueda” necesita ir poniéndose en marcha de nuevo y al principio, va a requerir un cierto esfuerzo (con cariño y sin presión), más bien la decisión de hacerlo, aún sin sentir las ganas aún. Confiar en que la movilización diaria del cuerpo y de nuestras acciones hacia algo que nos gusta y nos sienta (sentaba) bien, traerá consigo, poner en marcha de nuevo la rueda y sentirnos de nuevo capaces. Por ello, los pasitos que demos deben de ser pequeños, fáciles y a la vez constantes.

Muy importante también CELEBRAR, celebrar cada uno de estos pasos, celebrar todo lo que SI tenemos (Tanto! si te paras a pensarlo), lo que SI somos capaces de hacer (mucho más de lo que creemos), lo que SI aún permanece y nos gusta en nuestras vidas. Celebrar nos conecta también con el placer y con la apertura. Nos acerca a un sentimiento de mayor confianza y conexión con la vida (la cual puede que se haya tambaleado últimamente).

Así que mi invitación es a que te trates con COMPASIÓN  y COMPRENSIÓN, que te alientes en lugar de presionarte, que CELEBRES todo lo que sí esta bien y que te ACOMPAÑES en lo más posible dando PEQUEÑOS PASOS que te permitan AVANZAR de forma tranquila y segura.

Si necesitas ayuda en este proceso o bien para atender cualquier asuntos o emoción que esta situación esté despertando en ti, estaré encantada de acompañarte.

Seguimos avanzando…

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