Respiración y sus beneficios emocionales

La respiración es una acción automática fisiológica que permite el correcto intercambio de gases. Sucede de forma automática para mantenernos funcionando perfectamente y con vida.

Sin embargo, la respiración además de ser una respuesta autónoma, puede ser también influida por nuestra decisión, lo que permite ser una puerta de acceso al sistema nervioso autónomo que funciona de forma automática generando respuestas emocionales, como las de estrés o ansiedad, etc.

En mi práctica personal y profesional he podido constatar que la respiración es en sí, siendo tan sencilla, una maravillosa herramienta de gestión emocional, que nos permite modular la intensidad de la emoción y también reconectar a la mente con el cuerpo.

Ocurre muchas veces que como mecanismo para dejar de sentir, tensamos el cuerpo y bloqueamos la respiración, cambiando nuestro patrón respiratorio. A veces como una respuesta a una cierta “amenaza” externa o bien porque alguna emoción es también vivida como “amenazante” en tanto que hemos aprendido que podemos ser rechazados por expresarla.

Cuando esta respuesta emocional sucede y quizás su posterior tensión corporal para contenerla, sucede que junto con la tensión abdominal, bloqueamos el diafragma. En este momento la respiración sucede tan solo en la zona más alta del pecho y con ello la cantidad de aire que nos entra es mucho menor, con lo que la tendencia es a tomar cortas y rápidas inhalaciones para compensar. Si esto se mantiene podemos llegar a sentir ansiedad, presión en el pecho, mareos, etc.

Es por ello, que la respiración puede ser una herramienta sencilla y muy útil para permitirnos gestionar y ser capaces de sostener ciertos estados emocionales. Amortiguando el efecto que esta reacción emocional tiene en nosotros.

Cuando devolvemos la atención a la respiración, nos estamos permitiendo en primer lugar, devolver la atención al cuerpo y a  las sensaciones corporales, ello puede incrementar momentáneamente aún más el hecho de notar la emoción, nos permite reconectar con ella. Sin embargo, al respirar a través de la emoción (que no en lugar de ella, no queremos bloquearla), vamos a transmitir a todo nuestro cuerpo el mensaje de que “es seguro” sentir la emoción, algo así como “puedo con ello”. Lo cual facilitará que podamos transitar la emoción sin bloquearla, explotar o congelarnos.

Así pues nos permitimos respirar nuestro miedo, a través de él, aún sintiendo la tensión en nuestro cuerpo. Contrarrestamos la información amenazante con la de “yo puedo.. “ que viene a compensar en cierta medida la reacción. Lo mismo sucede con la rabia, si nos permitimos respirarla, nos estamos dando la posibilidad de ser capaces de sostenerla en lugar de tener que soltarla o explotarla contra alguien. Así mismo, pasa con la tristeza, cuando nos permitimos sentir el dolor en nuestro pecho y seguir respirando, le mandamos un mensaje de calma a nuestro cuerpo que le recuerda, que aún que esto duela, puede sostenerlo y saldrá de esta.

Quizás pueda parecer algo muy simple y muy sencillo, tan solo respirar, sin embargo, observo con mis clientes de forma repetida, que no lo es. Cuando estamos en la emoción, nuestra mente se dispara con todo el contenido mental que nos genera dicha emoción (repasando una y otra vez la misma historia) y generalmente perdemos la consciencia de las sensaciones corporales, de cómo estamos respirando, etc. En cambio si podemos traer toda nuestra atención de vuelta al cuerpo y a la respiración como moduladora, centrándonos en sostener la emoción que hay detrás de todo lo que nos ocurre (dejando de prestarle atención a lo que la mente nos cuenta), ahí podemos atravesar la emoción siendo capaces de sentirla, liberarnos y dejar espacio para que algo nuevo aparezca. Generalmente, esto viene acompañado de una cierta sensación de mayor paz y nos sentimos reforzados/as con la sensación de ser capaces de afrontar lo que nos pasa.

Soy consiente de que cuando las emociones son muy intensas o no estamos acostumbrados/as a sentirlas, prestar atención a la respiración puede no ser suficiente, puede que necesitemos también movilizar el cuerpo, sacar la voz, el llanto, golpear un cojín, y un sinfín de posibilidades que nos permitan liberarnos de toda la reacción emocional que se ha generado en el cuerpo. Sin embargo, la respiración es un principio, es un mecanismo modulador que está en nosotros todo el tiempo al que poder volver y utilizar siempre que necesitemos. En ocasiones puede actuar amortiguando o en otras incrementando la sensación para que la podamos sentir y liberar. Es una acción directamente conectada a nuestro sistema nervioso autónomo, así que puede funcionar como un interlocutor con la parte de nosotros que reacciona de forma automática, transmitiendo un mensaje de calma, de control, cuando creemos que lo hemos perdido.

Existen distintas prácticas de respiración que se vienen utilizando en muchas tradiciones, sobretodo orientales y que nos permiten mantener a diario un estado más calmado, lo cual se traduce en un sistema nervioso menos reactivo y con ello, una forma de prevenir olas emocionales en nuestro día a día.

También existen prácticas de respiración conectada y consciente, que incrementan mucho el ritmo respiratorio y la cantidad de aire que tomamos y soltamos, con lo que pueden facilitar una gran liberación emocional. Esta práctica sin embargo, se recomiendo siempre hacerse bajo la guía de un profesional.

Más allá de gestionar las emociones más incómodas, el hecho de mantener una práctica para una correcta respiración, puede ayudarnos a ampliar nuestra capacidad para sostener emociones agradables, sintiendo de forma espontánea emociones de agradecimiento, alegría, expansión, comprensión, etc.

Por otro lado, retomando la conexión con la mente, la respiración puede ser una forma de anclar nuestra atención y por tanto calmar los pensamientos, puede generar estados de mayor claridad mental y posibilidad de tomar mejores decisiones, ampliando nuestra inspiración (como la misma palabra denota) y creatividad.

Así pues invitaros a todos/as a que prestéis atención diaria a vuestra forma de respirar, a que aprendáis formas de respirar correctamente y que disfrutéis de todos sus beneficios.

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