Meditación

A través de la práctica de meditación podemos aprender a estar con nosotros/as mismos/as, con lo que nos sucede, sosteniéndolo de una forma más calmada.

Meditar no significa siempre estar sentados en postura de meditación. Meditamos cuando estamos presentes, cuando nuestra atención está puesta en lo que sucede en el momento, tanto interna como externamente. Cuando podemos además de sentir lo que nos ocurre, observarlo y tener esa cierta consciencia y “distancia” que nos den el margen para elegir en lugar de simplemente reaccionar.

A nivel externo, mantenemos la atención en los sentidos. Internamente podemos observar el discurrir de nuestros pensamientos sin seguir el hilo de ningún discurso, imagenes o ensoñaciones. Podemos además darnos cuenta de nuestras sensaciones físicas en el cuerpo y también de nuestras emociones. Sin embargo, de nuevo, con la meditación tratamos de sentirlas, ser capaces de sostenerlas, pudiendo observarlas sin aferrarnos a ellas.

A lo largo de los últimos 15 años he practicado muchos y muy variados tipos de meditación; meditaciones activas tanto caminando como que incluyan movimiento corporal, meditaciones de pie, meditaciones tumbada y sentadas, meditaciones a través de visualizaciones, con distintas propuestas o imágenes, energéticas, con sonido voz, con música o en silencio, con el foco puesto en la respiración, en el cuerpo o en alguna emoción concreta.

De todas estas formas he aprendido algo valioso y me han ayudado a reconectarme conmigo, pero sobretodo también el hecho de que no existe una única forma de meditar, igual que no existe una única postura. Sin embargo, si considero que ayuda establecer una práctica, una rutina, sea la que sea. Entrenar cada día el “músculo de la atención” para aprender a redirigirla sin que nos lleven los pensamientos y emociones de forma desatada.

A mi entender existe un ingrediente fundamental en la meditación (además de la práctica regular) para que funcione y que aprendí gracias a una formación en Mindfulness, se trata de centrar la atención como en el resto de meditaciones, pero sobretodo de una forma compasiva, es decir con amabilidad, cariño, paciencia con nosotros mismos. Entrenando nuestra capacidad de tratarnos y tratar a los demás de forma amable y comprensiva.

Considero la meditación un ingrediente muy útil en estos momentos y por tanto trato de incluirla lo más posible en la psicoterapia que ofrezco, como herramienta que nos permita encontrar un punto de equilibrio entre sentir las emociones (desde lo terapéutico) y a la vez aprender a que las emociones no nos desborden o invadan (a través del Mindfulness). La meditación nos enseña a estar en contacto con nuestro interior, con lo que sentimos, pero incluso va un poco más allá, enseñándonos a estar en contacto con lo que somos. La meditación nos enseña a conectarnos con la parte más original y auténtica de nosostros/as mismos/as.

En estos tiempos que estamos viviendo, considero que se hace necesario más que nunca reconectar con la calma en nuestro interior, a la vez que con nuestro centro y nuestra parte más auténtica, nuestra verdad, y que ésta sea la guía de las decisiones que tomemos a partir de ahora.

Así que os invito a tomaros un momentito o momentazo al día, donde estar con vosotr@s, donde prestaros atención, donde practicar para poder encontrar algo de aquietamiento y quizás con el tiempo este aquietamiento se convierta en silencio y quizás podamos empezar a oirnos y quizás escucharnos, y quizás incluso… podamos empezar a hacernos caso.

“Meditar es volver a tu hogar interno”

Gestalt Ibiza.
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