Elogio a la lentitud y el silencio

En este post quiero hablaros de la importancia del SILENCIO, del ir despacio, del dejar espacio, de poder estar con el vacío con la nada, ese lapsus entre dar un paso y no saber qué va a pasar hasta el siguiente, entre un latido y otro, entre una inhalación y una exhalación… ese silencio que conforma que podamos oír las notas de una canción… sin silencios no habría tiempos… el silencio forma parte del ritmo de la vida… y nos olvidamos de él!!

Poder estar en silencio es uno de los grandes regalos que he aprendido en esta vida, poder dejar que mi interior sintonice con el silencio, como si de una radio se tratara, sintonizar el canal “nada”…. Y estar ahí… escuchando… estando… sintiendo… saboreando el silencio y el perfume de la calma que otorga cuando todo se calla….

Es difícil por ejemplo, elegir cuando nuestra mente no para, cuando el corazón late muy fuerte, la respiración está agitada o estamos rodeados de ruido. Es en el silencio que podemos escuchar… lo de afuera y lo de adentro.

Vivimos en sociedades con constante estimulación, pantallas, colores, carteles, todo tiene un sonido. Música y sonido sin parar!!! y no me mal interpretéis, adoro la música, pero adoro también el silencio y lo que provoca en mi.

Así como cada nota tiene una vibración distinta (medible) y genera una sensación distinta en el cuerpo, el silencio tiene la cualidad de generar casi cero vibración (ya que no tenemos acceso al silencio absoluto) y con ello es como si las partículas de nuestro cuerpo dejarán de moverse también o al menos no moverse o vibrar tan rápido, como una cuerda de guitarra que no se toca de nuevo, que se va quedando quieta y va liberando su vibración en forma de sonido hasta aquietarse totalmente.

El silencio sin embargo, es vivido por muchas personas como angustioso, pues nos conecta con el vacío, con la incertidumbre, con el no saber…. Y estamos tan erróneamente acostumbrados a “Tener que saberlo todo….”!! que nos asusta profundamente dejarnos caer en la nada y mucho menos comprender que podemos hasta disfrutarla, que existe una riqueza enorme en el simple hecho de dejarse estar, sin nada que hacer, nada que elegir, nada que decidir, nada que pensar, nada que hablar… solo estar.. en el vacío… en el silencio…. estar…

Entiendo que es difícil a veces, porque yo también lo he vivido y lo vivo, cuando mi estado de alarma interno está en “ON”, mis mecanismos de control activados y mi ansiedad despuntando, mi mente yendo a 100 por hora… ahí es tan difícil esto de parar, silencio, vacío… ¡Pero qué dices?!

Siendo sincera en esos momentos extremos a veces solo puedo conectar con mi cuerpo, sentir la tensión, mover y estirarme ampliamente para liberarla… y si puedo, como la guitarra… soltarla también a través de la voz…

Cuando el momento de máxima tensión pasa, ahí puedo respirar, dejar que todo se vaya serenando y poco a poco ir conectando con algo más cercano a ese vacío y silencio del que os hablo.

De hecho ha sido gracias a experiencias en algún retiro de meditació y a la práctica un poco más constante en algún momento de mi vida, que he podido experimentar que son posibles estos otros estados de quietud, de calma, de sosiego, de estar… dónde todo está bien si lo dejas estar… Sorprendentemente ahí aparece un contento interno, sin razón aparente aparece un real bienestar que no depende de lo de afuera si no que se parece más bien al gozo y gratitud de estar vivo/a y que se siente desde dentro. Una vez sabes cómo se siente, quizás cueste llegar ahí de nuevo pero ya sabes a dónde estás queriendo ir.

Con ello no trato de convencer a nadie para que medite, pero si a quizás compartiros mi experiencia por si os inspira y que podamos entre todos prestarle algo más de interés e importancia a este ingrediente que parece faltarnos tanto en nuestras vidas… el ir despacio, la quietud, el silencio, el vacío.

En Terapia Gestalt hablamos incluso de este vacío como “vacío fértil” ese punto 0 a partir del cual pueden aparecer todas las posibilidades, ese dejar el campo en barbecho suficiente para que después podamos plantar de nuevo. Ese apagar y “resetear” el ordenador unos segundos ( o unos meses dependiendo del caso) para que pueda volver a funcionar correctamente. 

Sin embargo, poder estar en el “no saber” es una de las cosas más difíciles de sostener para nuestra mente, sobretodo la parte que se encarga de nuestra supervivencia y que necesita información para evaluar sus posibilidades de éxito o fracaso. Así pues cuando no le decimos a la mente lo que vamos a hacer, lo que va a pasar, cuando no hacemos nada, al principio esta parte del sistema entra en pánico, hasta que poco a poco con práctica aprende a serenarse y mediante la experiencia, “darse cuenta” de que no haciendo, no sabiendo las cosas también pueden ir bien… incluso mejor que cuando tratamos de controlarlas y hacer que pasen como queremos! Que podemos soltar el control de la situación sin que la vida se acabe, de hecho al contrario, dejando que sea… quizás no a veces como queremos… pero sí como es… y que pueda estar bien dejar que así sea!!

Como todo, con práctica quizás aprendamos a hacer las cosas más despacio y con más mimo, prestando más atención porque eso es el regalo de estar vivos, poder enterarnos de que lo estamos y que no se nos pase por delante pensando en lo siguiente que vamos a hacer, sin tan siquiera haberlo disfrutado.

Aprendamos a escuchar y mirar más y mejor a los demás, a fijarnos en los detalles, a sentir mayor compasión. La compasión requiere de un corazón tranquilo, abierto y relajado, y éste no puede estarlo cuando lo estamos apretando corriendo de aquí para allá o preocupados en lo siguiente que va a pasar.

Así pues invitaros a estar más en vuestros cuerpos, en el momento, más que en vuestras mentes. Invitaros a hacer lo que hagáis probando a hacerlo un pelín más despacio, con más consciencia y disfrute. Invitaros a escuchar más a las personas que tengáis a vuestro alrededor sin opinar, sin interrumpir. Invitaros a contemplar los lugares por los que paseáis o conducís. Invitaros a que cocinéis con calma, a que paréis y respiréis después de cada frase. Invitaros a andar también despacio además de rápido.

Sobretodo invitaros a daros un momento del día en el que conectéis con el silencio…. y quizás ahí poderos dar cuenta que la vida se convierte en más plena cuando vas despacio…

Publicado por Gestalt Ibiza

Psicologa en Ibiza y Terapeuta Gestalt.

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